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Hay personas casadas que tienen la ideología de que la única manera en la
que los jóvenes pueden lograr la plenitud de vida es por medio del
matrimonio. También hay solteros que creen que quedarse soltero significa
que nadie les quiere o que algo les falta.
A veces algunas iglesias terminan promulgando estos conceptos erróneos al
darle más importancia al punto de vista de una persona casada y menos al de
una que esté soltera. Lo que todos deberíamos reconocer es que Dios, quien
llama a la mayoría a casarse, también llama a algunos a la soltería. ¡Él los
llama a ser solteros con propósito!
En la Biblia leemos que Pablo y Bernabé no estaban casados. Casi parece que
por esta causa algunos dudaban de que su apostolado fuera auténtico. La
respuesta de Pablo fue la siguiente: “Contra los que me acusan, esta es mi
defensa: ¿Acaso no tenemos derecho de comer y beber? ¿No tenemos derecho de
traer con nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles, y
los hermanos del Señor, y Cefas?” (1 Corintios 9.3–5). En una forma
elocuente Pablo nos indica que su ministerio, su apostolado fue tan
auténtico como el de los otros hermanos apóstoles ya casados.
Jesús, refiriéndose al hecho de que no todos se casan, dijo: “Hay eunucos
que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos
eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos
por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo
reciba” (Mateo 19.11–12). Según estos versículos, vemos que hay tres clases
de “eunucos”:
 1. Eunucos de nacimiento. ¿Será que esto significa que los
tales son personas a quienes el matrimonio no les llama la atención?
 2. Eunucos por voluntad de otros. En este caso, se efectúa la
acción en contra de la voluntad del que ha de ser eunuco.
 3. Eunucos netamente voluntarios. Se refiere a personas que
escogen no casarse para cumplir con los propósitos de Dios para ellos. ¡Son
solteros con propósito!
Pensando en la soltería voluntaria, echemos un vistazo a la historia que la
Biblia narra en Rut 1.8–18. En este pasaje, vemos que Noemí planea regresar
al pueblo de Dios. Sus dos nueras, ya viudas, piensan acompañarla para no
dejarla sola. Pero Noemí bien sabe que si la acompañan a la tierra de
Israel, hay muy pocas posibilidades de que ellas se puedan casar. Entonces,
Noemí las hace reflexionar. Más bien, ¡casi las obliga a regresar a su
pueblo natal pagano donde tendrían más posibilidades de casarse! Pero una de
las nueras, Rut, se muestra resuelta a sacrificar el deseo de casarse por
uno mayor: El deseo de identificarse con Dios y su pueblo.
Las personas que consideran al matrimonio como la meta principal de sus
vidas son personas como la otra nuera, Orfa. Ella escogió quedarse con los
enemigos de Dios, donde había más posibilidades de poder casarse. Este tipo
de personas sólo piensa en lo terrenal, y, como resultado, en lo que es de
corto plazo. Hace caso omiso a las pérdidas eternas causadas por sus
acciones.
Pero hay otro grupo de personas hoy día que es como Rut. Estas personas
están dispuestas a sacrificar su deseo de casarse por agradar a Dios… cuando
él les guía por el camino de la soltería. Estas personas no se desesperan
sino que confían en Dios.
Es importante que los solteros que desean vivir una vida de propósito quiten
de sus vidas toda amargura. En lugar de vivir una vida quejumbrosa, deben
aprender a aprovechar las oportunidades que la soltería les da para servir
en el reino de Dios.
En 1 Timoteo 6.6 leemos que “gran ganancia es la piedad acompañada de
contentamiento”. Estoy bien conciente de que este versículo fue escrito en
el contexto de las finanzas. Pero se aplica a otras áreas de la vida
también. Hay solteros que no están contentos con su estado civil. Piensan
que no pueden ser felices sin casarse. Lastimosamente, ellos no viven vidas
con propósito…
En contraste, hay solteros que viven sus vidas en pleno contentamiento.
Viven sus vidas con propósito. Rechazan toda tentación de soñar y creer que
vivirían más felices si estuvieran casados.
Los solteros tienen gran libertad para agradar al Señor, mientras que los
casados tienen la responsabilidad de atender a sus cónyuges. Esto lo vemos
claramente en 1 Corintios 7.32–34: “Quisiera, pues, que estuvieseis sin
congoja. El soltero tiene cuidado de las cosas del Señor, de cómo agradar al
Señor; pero el casado tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar
a su mujer. Hay asimismo diferencia entre la casada y la doncella. La
doncella tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en cuerpo
como en espíritu; pero la casada tiene cuidado de las cosas del mundo, de
cómo agradar a su marido.”
Hay solteros misioneros o maestras que pueden desempeñar papeles importantes
que la madre casada y con hijos o el padre de familia no pueden hacer. Los
solteros pueden jugar un papel muy importante en el reino. La verdad es que
necesitamos tanto el aporte de los casados como el de los solteros. Cuando
ambos trabajan juntos y en armonía para el reino, el resultado es una fuerza
y dinamismo que nunca lograrían de manera individual.
Es importante que apreciemos las ventajas que los solteros tienen para
consagrarse a Dios y al ministerio al cual sean llamados. Motivémonos como
iglesias para que lleguemos a apreciar y aprovechar los dones y los aportes
con los que ellos contribuyen. El aporte de cada uno enriquece al grupo y
avanza más el reino de Cristo.
Aprendamos a tratar a los solteros piadosos como lo que verdaderamente son:
personas dignas. También contribuyamos a que los solteros se gocen de su rol
con dignidad.
—Trascrito por Richard del Cristo E.
de un sermón predicado por Arturo Nisly

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