Entradas con la Tag “reino de Cristo”

Hace pocos meses, pudimos volver a ver cuán fácilmente los dictadores y los
poderosos pueden ser derrocados por la fuerza de los ciudadanos rebeldes.
Tanto Egipto como Túnez nos recordaron, de una manera especial, cuán rápido
se puede desplazar cualquier régimen opresivo a pesar de estar firmemente
afianzado por mucho tiempo.

Hace muchos años, hubo otro “cambio de régimen” que sucedió durante el
gobierno de Tiberio, el emperador romano, y en Judea, bajo la administración
de Herodes, el gobernador. El nuevo Rey en ese caso era Jesús.

Pero en este momento, a decir verdad, estoy ojeando a otro tirano que
sospecho que hace tiempo debió haber sido derrocado. Dicho tirano eres tú
(favor disculparme).

Lo mejor es que lo reconozcamos francamente: La mayoría de nosotros hemos
sido nuestros peores tiranos. Hemos regido nuestros pequeños reinos
narcisistas con absoluta confianza en nuestro derecho a regir (“Es mi vida;
¡agradecería que no te metieras!”), y nos portamos como si nuestros
inconstantes impulsos personales fueran nuestro mandato final (“¡Si lo
quiero, entonces lo merezco!”).

O sea que nos hemos convertido en nuestros propios esclavos. Servir a
nosotros mismos muy pronto se torna en algo sin sentido, vacío, inútil.
Nuestro círculo vicioso de la ambición y la desesperación ha hecho de
nuestras vidas, y de las que nos rodean, personas miserables.

¿Habrá mejor bandera a seguir?

Yo sostengo que sí la hay. Fue por esto que me atreví a insinuar que necesitas un cambio de régimen, si es que aún no lo has logrado. El nuevo Rey que recomiendo, Jesús, es el mismito que, años atrás, hizo que el Herodes se incomodara sobremanera. Cuando escuchó que había nacido el nuevo Rey, Herodes trató de eliminarlo. Pero este nuevo Rey sobrevivió... y vive aún. Este nuevo Rey y su régimen totalitario es la esencia del mensaje del evangelio cristiano. De hecho, la palabra evangelio fue tomada prestada de cuando se anunciaba en el Imperio Romano que había un nuevo emperador en Roma. Entonces, el verdadero mensaje del evangelio cristiano consiste en mucho más que sólo reconocer verbal y mentalmente que Cristo es el Rey. El verdadero mensaje del evangelio cristiano anuncia la llegada de un nuevo Rey. Este nuevo Rey es un Rey crucificado y resucitado; es un Rey con corazón de siervo y ojos de fuego; es un Rey que anula el viejo orden; es un Rey que redefine la autoridad, la sumisión y la grandeza. Este nuevo Rey trastoca todos nuestros convenios humanos. Él es un Rey que se compadece de los pobres, de los quebrantados, del cojo, del ciego y, como si fuera poco, está decidido cederles a ellos su riqueza, su moralidad, su sanidad, y su punto de vista. Él es el verdadero Rey eterno. En él no hay engaño, ni política, ni pizca de doblez. Su reino restaura, su ley libera y sus juicios traen gozo. En su reino el amor impera, la hermosura florece, lo que tiene sentido importa, la sabiduría triunfa. Doquier el corazón humano se rinde incondicionalmente a su reinado y reconoce que su sabiduría y su verdad le hacen digno de ser Rey… allí existe su reino. En el reino de Cristo no hay lugar para la búsqueda de la grandeza personal. Si quieres entrar al reino de Cristo, entonces tienes que echar a un lado tus harapos de “púrpura imperial”, tus coronas de cartón y tu cetro de palo de escoba. En cambio, debes admitir a Jesús como el único Rey y Señor totalitario de tu vida. Si estás acostumbrado a estar al mando, entonces la llegada del nuevo Rey te dejará sumamente intranquilo, al igual que Herodes. Recibirlo a la puerta de tu corazón con la bandera blanca de rendición en mano es la decisión más mortificante que puedes tomar. Nunca jamás estarás al mando de tu pequeño reino… Pero si estás al tanto de la realidad de que tu pequeño reino, el reino de tu vida, está completamente descompuesto y que necesitas que alguien aparte de ti mismo te libere de tu propia tiranía y repare todo el daño que te has hecho, entonces no estás lejos del reino de Dios. ¿Por qué esperar más tiempo para renunciar? —Arlin Weaver

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