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Mapa a la conferencia de El Hogar Educador

Mapa a la conferencia de El Hogar Educador

Se realizará, Dios mediante, la conferencia anual de El Hogar Educador, en Saltillo, México los días 7 y 8 de agosto del año presente. Arriba está la mapa para orientarse al local donde se realizará. También se puede entrar la página de El Hogar Educador para más informaciones.
Estará presente el hermano Set Bauman, encargado de Literatura Monte Sion. Se presentará oportunidad a comprar la linda literatura de ese ministerio.
¿Por qué educar en el hogar? Pues la respuesta es otra pregunta…¿Por qué no?
Con el impedimiento de propagar la verdadera fe cristiana en las escuelas públicas, o bien el solo propagar la buena moralidad, ¿qué hacemos?
Yo no quiero que el homosexualismo se enseñe a mi hijo, como un comportamiento “normal” y lícito. ¿Y tú?
La palabra de Dios no enseña que el padre de familia es el encargado de la educación de los hijos (o bien la madre, si el padre no está). No debemos entregar a nuestros hijos al estado, menos a un estado decaído.
Sé que el concepto de educar en el hogar es nuevo para muchos en América latina. Sin embargo de su novedad, hay que adelantarse en fe. Esta conferencia es un aporte para los padres desconfiados.
¡Aprovéchense de ella!

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El hermano Esteban Mast está de viaje, desde Cartagena, Colombia rumbo al norte de Argentina, por tierra. Si acaso algún lector de este blog desearía una visita del hermano, sólo ha de contactarse conmigo.

Oren por él mientras va anunciando el evangelio del reino de Dios.

Esteban (centro) con Omar y ??

Luis Alberto Rodriguez, Esteban Mast, Omar Dario Sanchez

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Si, como dice nuestro Señor y Salvador, el reino de Dios no vendrá
espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí, sino que el
reino de Dios está dentro de nosotros, pues la palabra está cerca de
nosotros, en los labios y en el corazón, sin duda, cuando pedimos que venga
el reino de Dios, lo que pedimos es que este reino de Dios, que está dentro
de nosotros, salga afuera, produzca fruto y se vaya perfeccionando.
Efectivamente, Dios reina ya en cada uno de los santos, ya que éstos se
someten a su ley espiritual, y así Dios habita en ellos como en una ciudad
bien gobernada. En el alma perfecta está presente el Padre, y Cristo reina
en ella, junto con el Padre, de acuerdo con aquellas palabras del Evangelio:
Vendremos a él y haremos morada en él.

Este reino de Dios que está dentro de nosotros llegará, con nuestra
cooperación, a su plena perfección cuando se realice lo que dice el Apóstol,
esto es, cuando Cristo, una vez sometidos a él todos sus enemigos, entregue
a Dios Padre su reino, y así Dios lo será todo para todos. Por esto, rogando
incesantemente con aquella actitud interior que se hace divina por la acción
del Verbo, digamos a nuestro Padre que está en los cielos: Santificado sea
tu nombre, venga a nosotros tu reino.

Con respecto al reino de Dios, hay que tener también esto en cuenta: del
mismo modo que no tiene que ver la luz con las tinieblas, ni la justicia con
la maldad, ni pueden estar de acuerdo Cristo y el diablo, así tampoco pueden
coexistir el reino de Dios y el reino del pecado.

Por consiguiente, si queremos que Dios reine en nosotros, procuremos que de
ningún modo el pecado siga dominando nuestro cuerpo mortal, antes bien,
mortifiquemos todo lo terreno que hay en nosotros y fructifiquemos por el
Espíritu; de este modo, Dios se paseará por nuestro interior como por un
paraíso espiritual y reinará en nosotros él solo con su Cristo, el cual se
sentará en nosotros a la derecha de aquella virtud espiritual que deseamos
alcanzar: se sentará hasta que todos sus enemigos que y en nosotros sean
puestos por estrado de sus pies, y sean reducidos a la nada en nosotros
todos los principados, todos los poderes y todas las fuerzas.

Todo esto puede realizarse en cada uno de nosotros, y el último enemigo, la
muerte, puede ser reducido a la nada, de modo que Cristo diga también en
nosotros:

¿Dónde está, muerte, tu victoria?
¿Dónde está, muerte, tu aguijón?
Ya desde ahora este nuestro ser, corruptible,
debe vestirse de santidad y de incorrupción,
y este nuestro ser, mortal,
debe revestirse de la inmortalidad del Padre,
después de haber reducido a la nada el poder de la muerte,
para que así, reinando Dios en nosotros,
comencemos a disfrutar de los bienes
de la regeneración y de la resurrección.
El Cristianismo Primitivo

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