Creemos en Jesús–Pedro Riedemann
Publicado por: admin en Espíritu Santo, Evangelización, Reino de Dios, tags: liberación en Cristo, Pedro Riedemann, redenciónCreemos en Jesucristo, que toda nuestra salvación y liberación es en él. También creemos que él ha pacificado la ira del Padre y que Dios por medio de él se reconcilió con el mundo. (1 Juan 2) Es como dice Pablo: Dios estaba en Cristo y se reconcilió a sí mismo con el mundo y no se les contaba sus pecados. (2 Corintios 5) Así somos reconciliados con Dios, y bajo ningún otro nombre se pueda salvar excepto el nombre de Jesucristo de Nazaret. (Hechos 4)
Primero, creemos que experimentamos la liberación en Cristo, o sea, Cristo nos ha liberado (Hebreos 2) de la autoridad y las sogas del diablo, con las cuales él nos había atado. Él le ha sujetado y conquistado al diablo. Las sogas con las cuales el diablo nos había atado son los pecados en que nos echábamos, tendidos. Por practicarlos, servíamos al diablo, (Efesios 3) hasta que Cristo llegara para morar en nosotros a razón de la fe. A través de su potencia y acción, él ha debilitado, suprimido, matado y quitado (1 Juan3; 1 Pedro 2) el pecado, para que nosotros estemos librados de los pecados y vivamos a la justicia. Tal justicia él mismo realiza y ejecuta en nosotros, pues sin él no somos capaces de realizarlo. (Juan 15)
El Señor mismo ejecuta la acción [el hacer de buenas obras] en nosotros y quita el pecado, del cual no podríamos librarnos. Pero ahora por medio de él, ¡estamos muy libres! Los pecados (en los cuales estábamos tendidos por tanto tiempo) no deban señorearnos como antes, a pesar de que asaltan a menudo nuestros miembros. ¡De esa manera es él nuestro verdadero libertador!
Quienquiera aún siga con persistencia en el pecado y reposa en él—o sea está atado por él y lo practica—y aún diga que Cristo le haya soltado es como un prisionero (atado mano y pie) que se pronuncie libre. ¿No es esa la tontería? (Juan
De igual manera, quienquiera que se pronuncie libre, estando amarado, no busca ni desea mucho estar soltado. Del mismo modo, él que dice que Cristo le haya soltado de los pecados, pero aún vive en ellos, aclara que él todavía menos desea estar soltado. Como se ha dicho anteriormente, por medio de su llegada a nuestro ser, Cristo nos ha librado del pecado, para que seamos siervos de la justicia. (Romanos 8; Juan 3; Romanos 6)
Ahora muchos dicen, en especial los luteranos, que Cristo fuera su justicia y su piedad. Sin embargo, ellos viven y andan en todas abominaciones y maldad. Eso es nada menos que acercarse a Dios con la boca mientras el corazón está lejos de él. (Isaías 29, Mateo 15) Por supuesto, todo ello es más una causa de desviación de Cristo que un testimonio de Cristo. Debido a ello, los hombres con buena razón se alejarán de orientarse hacia la verdadera justica que está en Cristo (o que Cristo sea su justicia), y se quedarán en sus pecados hasta el fin.
Pero, nosotros confesamos Cristo como nuestra justicia y piedad, y que él mismo obra, produce, y efectúa (Juan 15) la justicia y piedad en nosotros (por medio de las cuales somos amados y aceptados por Dios). No tenemos ninguna otra piedad, solamente la que él efectúa y obra en nosotros.
Muchos claman en contra de nosotros, diciendo que por medio de nuestras obras buscamos a ser piadosos. Pero no respondemos nada a eso, excepto que sabemos que todos nuestras obras, todas que son de nosotros, no son nada sino pecado y injusticia. (Romanos 14; Juan16) Sin embargo, todas las obras que son de Cristo, y las que él efectúa en nosotros, son todas verdaderas, justas, y buenas—aceptadas y agradables a Dios. De hecho, no estamos avergonzados de predicar y alabarlas, porque el ángel dijo a Tobías (Tobías 12): Es bueno ser discretos en cuanto al secreto de los reyes, pero es honorable manifestar y proclamar la obra de Dios.
Así pues, por medio de su eficaz fuerza, o efectuación en nosotros, él nos guía a su carácter o naturaleza; sus calidades. (2 Pedro 1; Juan 15) Por eso, es una piedad que salva y conduce a Dios. De ese modo, Cristo es nuestra justicia y piedad, (Gálatas 2) aun nuestra vida, porque no vivamos nosotros, sino él en nosotros.
Así pues, él aun es nuestra resurrección y salvación, nuestro todo. (Lucas 2) También creemos que la encarnación de Cristo (Filipenses 3) es nuestra transfiguración, y que su sufrimiento y muerte son nuestra salvación y vida. Es más, ¡creemos que en él todo tenemos!
–El autor fue anabaptista del siglo XVI
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4 May, 2010 a las 1:24 pm
Es asi la verdad las obras no son nuestras sino del Señór que obra en nosotros como dice el Apostol Pablo en Galatas 2:20 “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y vivo, no ya yo, mas vive Cristo en mí: y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó á sí mismo por mí.”
La Paz del Señor, Juan.
20 December, 2010 a las 5:22 am
Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto en que cuando todav a ramos pecadores Cristo muri por nosotros. a En primer lugar es CONFIANZA libertad de hablar delante del tribunal de Cristo. Para aquellos que hallan entregado sus vidas a JESUCRISTO tendr n que comparecer delante del Tribunal de Cristo no para ser juzgados culpables o inocentes porque es en este mundo donde TODA persona tiene que hacer su decisi n sobre donde va a pasar la eternidad.
29 January, 2011 a las 11:20 am
Luego de establecer las bases para la fe en la supremacia de Cristo el escritor reprende a esos creyentes Sobre este tema tenemos mucho que decir aunque es dificil explicarlo porque a ustedes lo que les entra por un oido les sale por el otro. Dios los usara para derramar su favor inmerecido en tu corazon y mente para que con ese poder puedas ser cada vez mas como Cristo…..1.
31 May, 2011 a las 2:27 pm
Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto en que cuando todavia eramos pecadores Cristo murio por nosotros..b Esta aclaracion del origen del verdadero AMOR responde a aquellos que se quejan de Dios o aun blasfeman Su NOMBRE con quejas sobre el mal que es tan evidente en el mundo. Veamos algunas observaciones..a En primer lugar es CONFIANZA libertad de hablar delante del tribunal de Cristo.