Dentro de unos meses, el siguiente mensaje se publicará en forma de folleto, Dios mediante. Fue escrito con el propósito de repartirse entre los pasajeros del tránsito público. Todos que conocemos los videos de los bus estamos concientes de lo inmoral que los mismos promulgan a todo pulmón. Además de regalarles a los pasajeros este mensaje, sería otra opción la de llevar consigo un video no tan pútrido como los que se fletan en los bus. A la hora de encender el video, se podría ofrecerle al ayudante el video suyo–muchos lo aceptarían.

Sé que videos que predicaran el verdadero evangelio del reino son muy, pero muy, escasos, pero un video sobre los animales silvestres sería mucho mejor que lo normal.


¡Que tenga un viaje seguro!

Estimado viajero,

Parece que usted está de viaje hoy en autobús. Yo también viajo a menudo en autobús porque es un modo de transporte práctico, económico y confiable. Estoy agradecido por los servicios que brindan las empresas transportistas. Es un gran aporte a nuestra sociedad.

¿Me permite usted contarle algo acerca de mi vida personal?

Quiero contarle que yo soy cristiano. Es decir, estoy comprometido a seguir a Jesús. Quiero hacer lo que él enseña en la Biblia.

(Si usted es cristiano, o si no, le invito a seguir leyendo, por favor…)

Usted y yo viajamos en autobús. Somos compañeros de viaje. ¿Sabía que hay otro que también viaja en autobús? Es Jesús. Aunque no lo veamos, él viaja en autobús, dentro del corazón de los que entregan su vida a él.

Pero, ¿me permite llamar la atención a algo que Jesús no hace mientras viaja en autobús? Él no mira los videos violentos y pornográficos que muestran en los autobuses modernos. Y como seguidor de él, yo tampoco los deseo mirar.

Estos videos perversos se ofrecen al público como un servicio de entretenimiento para los viajes largos y cansados. Las escenas inmorales y violentas de videos malos sólo estimulan y alborotan la concupiscencia y la brutalidad de los pasajeros. Endurecen el corazón, haciéndolo insensible y cruel. Corrompen la corriente de los pensamientos y pervierten la mente. Dan a entender que estos pecados son normales y aceptables. Preparan a los miradores para cometer los mismos actos que ven en la pantalla.

Vivimos en una sociedad donde la gente espera ver estas cosas, no sólo en los videos, sino en la vida real. Sin embargo, el cristiano verdadero no las quiere contemplar. La violencia y la inmoralidad son pecados contra Dios y contra nuestros paisanos y familiares. Al mirar videos que muestran estas cosas, estamos llenando nuestras mentes con pecado. Los fornicarios tienen su destino en el infierno, al igual que los mentirosos, los homicidios y los hechiceros (léase Apocalipsis 21.8). Y el que procura ver estos pecados reproducidos en la pantalla ensucia su corazón y no verá a Dios a menos que se arrepienta.

Sólo los de corazón limpio podrán ver a Dios (Mateo 5.8). ¿Cómo, pues, podemos seguir los pasos de Jesús estando en el autobús? ¿Cómo es posible evitar ver lo malo que está por delante de nuestros ojos en la pantalla del video?

Lo mejor sería que apaguen el aparato. Viajan muchos niños cuyas vidas aún están sin culpa delante de Dios. Los responsables deben saber que al alimentar a los niños con ejemplos de violencia e inmoralidad, los están condicionando para una vida de delincuencia y una eternidad en el infierno. Además, deben saber que el hecho de llenar ojos y mentes inocentes con tal suciedad moral es un pecado grave. Jesús dice:

Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos (Lucas 17.2).

Si los estimados chóferes eligen no apagar el video ni tampoco cambiar el video para uno que es más sano, ¿qué podemos nosotros los cristianos hacer?

1. Podemos orar. Las mentes de los incrédulos que viajan con nosotros hoy tienen su delicia en contemplar lo que estimula sus pasiones carnales. Los que seguimos a Jesús, en cambio, tenemos nuestra delicia en Dios. Orando, ¡podemos tener comunión con él todo el tiempo! Él adereza mesa delante de nosotros aun en presencia de nuestros angustiadores (véase Salmo 23.5). Podemos orar por las almas perdidas en este autobús. Podemos orar por la salvación de los niños tiernos aquí que están obligados a ver lo que destruye su inocencia.

2. Podemos encomendar el control de nuestros ojos al Espíritu Santo. Con la ayuda de él, podemos apartar la vista de la suciedad que aparece en la pantalla de video.

3. Podemos sacar nuestra Biblia y leerla. Yo he hallado que al hacer esto, doy una señal a mis compañeros de viaje. Al ver la Biblia, sin que yo les diga nada, saben que yo no tengo interés en la maldad. Están decepcionados si me ven mirando la pantalla con la Biblia en mis manos. Así doy profesión abierta a lo que profeso ser, lo cual me anima a vivir conforme a mi profesión en lugar de darme a conocer como un hipócrita.

4. Podemos buscar el compañerismo de otros cristianos en el autobús. Si es posible, busque un asiento junto a un cristiano. Cuando se le hace dura la lucha contra las pasiones y se siente al punto de ceder, o si falla con sus ojos o corazón, comparte la lucha con su compañero de asiento. Pida sus oraciones. Confiese la falta suya. Recuerde, se trata de luchas que todos los cristianos tenemos en común. Usted no debe avergonzarse de compartir estas luchas. Si él está dispuesto, hagan un compromiso de estar a cuentas el uno con el otro en este viaje en el asunto de la pureza personal. De vez en cuando, pida cuentas de él, y espera que él haga lo mismo con usted.

5. Podemos testificar. Estamos en un lugar oscuro (véase Mateo 5.14–16). Cristo caminaba en lugares oscuros también. Pero sus palabras y su ejemplo reprendían las tinieblas. No había duda acerca de su pureza. Si es cristiano, le animo a dar una palabra de testimonio a alguna persona incrédula en este autobús. La luz brilla más intensamente donde las tinieblas están más densas.

Si usted es cristiano, quiero darle gracias por tomar el tiempo de leer este folleto, y espero que le haya sido de bendición y fortalecimiento espiritual.

En cambio…

***

…si usted no es cristiano, o no tiene poder para tener victoria sobre sus pasiones carnales, tengo un mensaje especial para usted a continuación.

Usted y yo viajamos en autobús. Podríamos decir por eso que somos “compañeros de viaje”. Los dos también viajamos por esta vida. El chofer de mi vida es Jesús y por eso espero llegar sano y salvo a mi destino celestial. Si usted no es cristiano, Jesús no es chofer de su vida y, por consiguiente, no podrá llegar al destino celestial… a menos que permita que Jesús suba a borde y maneje su vida según él quiera. ¿Pudiera yo contar con su compañerismo en viajar por esta vida con Jesús como chofer?

Yo ya sé, sin preguntar, que usted está cansado de andar en las tinieblas. Está cansado de alimentarse con lo que nunca satisface. Está cansado de profundizarse cada vez más en el pecado. Está cansado de tener temor de lo que le espera en el futuro.

Quiero decirle que hay un escape. Hay un camino que le puede sacar de las tinieblas y guiarle a la luz. Este camino está a su alcance. Se llama Jesús:

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí (Juan 14.6).

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Juan 3.16–17).

Esto sería un momento muy oportuno para dar vuelta a su vida. Clame a Jesús, pidiéndole misericordia. Arrepiéntase, confiese sus pecados, y rechácelos.

Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar (Isaías 55.6–7).

Jesús le recibirá y romperá las cadenas de pecado en la vida suya; se lo ha prometido:

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad (1 Juan 1.9).

El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios (Juan 3.18).

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