Luego de una larga ausencia, de nuevo estoy añadiendo algo a la Biblioteca El Cristianismo Primitivo.
Hoy pusé un tratado sobre el suicidio.
el_suicidio_tapa
Para visitar la página de html, pulsa ¡El suicidio no es ninguna solución!
De allí se puede bajarlo en formato pdf también.
Dios mediante, en los meses que viened agregaré más libros y folletos a la página.

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Cuando Jesús andaba predicando el evangelio entre el pueblo judío, el Imperio Romano ya era un mundo dominado por legalistas, filósofos y los que luchaban por el poder político. Y cada uno de esos tres grupos tenía su propia cosmovisión.
1.Estaban los judíos, los eternos guardianes de la ley, que daban estructura a todo aspecto de su sociedad con códigos estrictos de ética y moral. Ellos eran los “proveedores” de justicia, que comercializaban la justicia de manera semejante a la de un vendedor que ofrece en venta su mercadería. En Israel se consideraba correcto que la gente común preguntara: “¿Qué dice la Ley?”, y que los intérpretes de la ley respondieran con explicaciones ortodoxas y obligatorias. En medio del libertinaje de los filósofos griegos y el desenfreno característico de los romanos, el pueblo
judío ofrecía orden y ética, todo a través de la fuerza de la ley.
2.También estaban los griegos, siempre afanados por encontrar sabiduría y siempre preparados para discutir ideas y conceptos. Los griegos estaban convencidos de que cualquier pregunta práctica o filosófica podría ser contestada a través del ejercicio mental disciplinado. Establecían la sabiduría y el conocimiento como la base para su estilo de vida. Aunque diferentes filósofos griegos seguían diferentes patrones de pensamiento y de estilo de vida, todos defendían su manera de pensar y de vivir con defensas filosóficas, y con palabras de sabiduría humana.
3.Además, estaban los romanos. Aunque apreciaban tanto la ley como la sabiduría, su preocupación mayor era alcanzar poder, y su meta principal era conquistar el mundo. Por medio de sus líderes sanguinarios y sus espadas sangrientas, los romanos sometieron naciones y culturas vecinas a través de la fuerza brutal y el poderío militar. Ellos eran soldados con autoridad, y todo romano lucía con orgullo su uniforme de poder. Ley, sabiduría, poder… ¿Cómo se hizo Jesús frente a estas tres dinámicas de su era?

Una nueva dinámica

Cuando Jesús nació, ninguna de las tres dinámicas convencionales funcionaba bien: Los judíos estaban esclavizados a la ley; los griegos estaban desilusionados por la multiplicidad de sus ideas; y el alma de la cultura romana se estaba repudriendo, emborrachada de poder. Ya había llegado el tiempo de proclamar el advenimiento de una cuarta dinámica. ¡Era tiempo de anunciar las Buenas Nuevas de Jesucristo! Sin embargo, las Buenas Nuevas de la nueva dinámica a primera instancia parecen ser malas noticias, noticias de muerte. Y la proclamación de este nuevo reino peligra desalentarnos porque, en su mero centro, se halla una cruz, aquel vil instrumento de muerte. Pero, escondida en esta cruz está la cuarta dinámica, una dinámica tan inesperada que el mundo apenas pudo entenderla (y no la entiende aún). Jesús tomó sobre sí la maldición de la muerte de cruz, la peor desgracia y derrota que las potestades infernales podían traer contra él, y la convirtió en el medio para alcanzar el triunfo, la conquista, y la vida eterna. En este reino, la vida es sólo a través de la muerte. El derecho de ciudadanía en este reino depende de la disposición de “tomar la cruz” y seguir a Cristo. Vida en abundancia se les ofrece sólo a aquellos que mueren. Al vivir conforme a esta nueva dinámica, el éxito sólo viene al “caer en la tierra y morir” (véase Juan 12.24), no por medio de acatar leyes, expresar ideas geniales, ni ejercer gran poder.

La cruz olvidada

A pesar de ser un tema tan repetido en el Nuevo Testamento, la perspectiva de una cruz que rija en todo aspecto de nuestra vida es una perspectiva que hace gran falta en el cristianismo actual. La cruz más común en el cristianismo de hoy no es más que una cruz teológica… y sólo ofrece una salvación teológica. En cambio, la verdadera cruz de Cristo es una realidad que quebranta la vida y cambia las perspectivas, creando así un cambio completo en la forma de vivir. La dinámica de la cruz, con su fuerza y belleza auténticas, raras veces recibe la honra que merece en esta era religiosa dominada por la ley, la sabiduría humana, y el poder. Pablo no escogió aquella cruz teológica y ornamental. “Yo traigo en mi cuerpo”, dijo él, “las marcas [el estigma (véase el griego)] del Señor Jesús” (Gálatas 6.17). En otras palabras, la vida de Pablo estaba marcada con heridas producidas por la cruz. Su vida traía las evidencias de los efectos de la cruz. Y puesto que él era un participante de la cruz, también podía hablar con autoridad a los legalistas, a los sabios, y a los que buscaban el poder. Él tenía la autoridad de la cruz porque se había entregado a seguir el camino de la cruz. ¿Cuántos cristianos hoy día permiten que la cruz determine los detalles de su forma de vivir? O, poniéndolo de otro modo, ¿cuántos llevan vidas marcadas con heridas producidas con la cruz? Cuando nos retraemos de morir con Cristo y llevar la cruz, dejamos de experimentar su poder. Y, en la medida en que despreciemos la cruz, las atracciones de la ley, la sabiduría y el poder nos engañarán y se nos presentarán como substitutos viables de la cruz. Confróntate seriamente con esta pregunta: ¿Cuántas cosas en mi vida como creyente, o en mi congregación, han sido determinadas de acuerdo a la ideología de la ley, la sabiduría humana y el poder? La ideología de la ley puede ser invocada para mantener el orden eclesiástico. La dinámica de la sabiduría humana religiosa produce incontables argumentos religiosos y teológicos. Y, lamentablemente, el poder (la lucha por la supremacía) ha determinado incontables políticas, formas de administración y procedimientos en miles de iglesias supuestamente cristianas.

Toma la cruz

Jesús dijo, hace muchos años, que hacerse discípulo de él depende de nuestra disposición de tomar nuestra cruz y seguirle. En otras palabras, nuestras vidas deben estar regidas por la cruz en nuestro hombro y las marcas (el estigma) de la cruz en nuestras manos. En la era de Cristo, cuando un judío tomaba su cruz, esto significaba una sola cosa: él estaba en camino a su crucifixión. Llevar la cruz significaba que la persona estaba bajo una sentencia de muerte, ya condenada, ya como muerta. Una víctima con una cruz sobre su hombro ya no podía apelar a ley. Él no podía escapar de su ejecución bajo ningún argumento sabio, y mucho menos podía contar con el poder la espada de los soldados para efectuar un rescate a su favor. Únicamente le quedaba una cosa: MORIR. Lo mismo sucede con los creyentes verdaderos. Cuando un discípulo toma su cruz, está bajo la sentencia de muerte. En verdad, está como si ya estuviera muerto. Y sólo le queda una cosa: caer en tierra y morir… para poder llevar mucho fruto.

Vive en el reino de la cruz

Cuando los creyentes verdaderamente hacen de la cruz su estilo de vida, ¿qué impacto reciben en sus vidas? En otras palabras, ¿cómo se expresa la dinámica de la cruz en sus vidas diarias?

La cruz y el mundo

La típica reacción religiosa a la amenaza de la mundanería es una reacción basada en la ley: “No manejes, ni gustes, ni aun toques” (Colosenses 2.21). Los creyentes muchas veces procuran resistir las amenazas del mundo por medio de una reacción de la ley, una supuesta protección mediante la restricción. Sin lugar a duda, hay restricciones en el reino de la cruz. Pero la dinámica de la cruz de Cristo va más allá, proveyendo una solución al problema de “los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida”, haciendo así frente a la atracción a lo prohibido. En el reino de la cruz, Cristo nos ayuda a morir a los deseos malos, y no solamente a dejar de hacer las acciones malas. Pablo testifica que, por medio de la cruz de Cristo, “el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo” (Gálatas 6.14). Las dinámicas netamente de la ley jamás serán adecuadas para combatir los deseos carnales. Solamente el corazón que experimenta el poder transformador de un amor nuevo, que se ha rendido a morir en la cruz, y cuyo clamor es “he aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad” (Hebreos 10.9), podrá resistir exitosamente la atracción del mundo.

La cruz y las riquezas

Las personas que cargan una cruz en sus hombros raras veces son atraídas por las riquezas. De todas maneras, la riqueza ya no tiene relevancia para una persona que va rumbo a la muerte. De la misma manera, debemos despojarnos de todo derecho a nuestras posesiones al registrarnos en la entrada del reino de Cristo. Jesús le dijo al joven rico: “Anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz” (Marcos 10.21).

La cruz y la autoridad

Jesús denunció rotundamente: 1) el amor al dinero y 2) el abuso de la autoridad. Estos dos funcionan sobre principios de poder. En Marcos 10, Jesús resaltó el hecho de que ejercer señorío o autoridad no es el modo de operar en su reino. En el reino de la cruz, la grandeza viene por medio de servir a otros, y la autoridad se obtiene por medio de llevar una vida de servicio desinteresado. Este es el camino de la cruz, y Jesús nos llama a seguirle por este camino: “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10.45).

La cruz y el evangelismo

Jesús, previendo los sufrimientos de la cruz, dijo: “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo” (Juan 12.32). Cuando Cristo hubo sellado su evangelio con su muerte en la cruz, Jerusalén y el mundo entero fueron trastornados, y miles se convirtieron en “pequeños Cristos” (cristianos). Si pensamos que el evangelismo es sólo proclamar las verdades bíblicas al mundo, hemos perdido de vista la dinámica de la cruz. ¡El evangelismo verdadero se lleva a cabo por medio de la cruz, y, específicamente, por medio del testimonio de los cristianos que abrazan la cruz en su vida diaria! Cuando los creyentes abrazan la cruz, Dios hace muy eficaz su testimonio. Muchos creyentes del primer siglo dieron sus vidas en el coliseo romano por el testimonio de Jesús, evangelizando así con mucho éxito a miles de ciudadanos romanos a la vez; los anabaptistas sacrificaron sus vidas por reestablecer una iglesia pura y bíblica en el siglo XVI; y, en el siglo XIX, los colportores [* “COLPORTOR”: PALABRA EMPLEADA PARA DESIGNAR A LOS VENDEDORES AMBULANTES EMPLEADOS POR UNA SOCIEDAD BÍBLICA PARA OFRECER EJEMPLARES DE LA BIBLIA AL MAYOR PÚBLICO POSIBLE.] de Latinoamérica trabajaron arduamente para difundir el precioso mensaje de la Biblia a costo de su comodidad, de su salud y hasta de sus vidas… todos estos y más llegaron a ser evangelistas exitosos porque abrazaron el camino de la cruz.

La cruz y las relaciones interpersonales

En cuanto a sus relaciones con los demás, por naturaleza, el hombre tiende a querer dominar a otros. Pero, en el reino de la cruz, se nos llama a tener la mente del Cristo crucificado, la mente de aquél que “se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, (…) se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2.7–8). Al seguir este ejemplo de Cristo, estimamos a los demás como superiores a nosotros mismos. Pero Cristo es el que verdaderamente importa. Y, ya que él nos enseña que nuestros prójimos también son importantes, tratamos de serles útiles. La lucha por lograr la superioridad en las relaciones interpersonales es un rasgo del viejo hombre. En el reino de la cruz, las buenas relaciones son marcadas por la humildad, el servicio y la ayuda mutua.

Entra en el reino de la cruz

Hoy en día hay una gran selección de puntos de vista y estilos de vida “cristianos”. Uno puede valerse del cristianismo de mil y una formas diferentes para sacar provecho personal. Pero el cristianismo verdadero, el cristianismo del reino de la cruz, es mucho más angosto. Solamente los que verdaderamente han muerto pueden entrar en él, y “pocos son los que la hallan” (Mateo 7.14). Este tipo de cristianismo es auténtico. A veces yo me fatigo preguntándole a la gente de las iglesias que si ha nacido de nuevo porque todo el mundo dice que sí. Lo que realmente quiero saber es que si han muerto, si han sido crucificados para así entrar en el reino de la cruz de Cristo. Quiero saber si han permitido que el concepto de la cruz surta efecto en su manera de vivir y pensar. En otras palabras, ¡muéstrame tu estigma! Hazme ver las heridas de la cruz en tus manos, en tus pies, ¡en toda tu vida! Lo extraño es que cuando escoges entrar en el reino de la cruz, Dios te capacita para que vivas conforme a la “ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús” (Romanos 8.2). Él te da la “sabiduría que es de lo alto” (Santiago 3.17). Y te da un “Cristo crucificado”, el cual ya ha resucitado y es “poder de Dios” (1 Corintios 1.23–24). Además, en el reino de la cruz, Dios te da fruto. “Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.” ¡Muramos, y entremos en el reino de la cruz! —Arlin Weaver

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Ya ha salido la revisión de un librito sobre el vestuario de la mujer cristiana.

Libro "¿Por qué te vistes así?

"¿Por que te vistes así?" nos desafía vestirnos de acuerdo con las enseñanzas del reino de Dios.

En una era de desnudez, hay que enfrentarnos con la cultura que nos rodea, actuando como cristianos deben actuar, sin importarnos lo que dicen otros.

Pincha el eslabón a continuación para leer ¿Por que te vistes así?

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Hace pocos meses, pudimos volver a ver cuán fácilmente los dictadores y los
poderosos pueden ser derrocados por la fuerza de los ciudadanos rebeldes.
Tanto Egipto como Túnez nos recordaron, de una manera especial, cuán rápido
se puede desplazar cualquier régimen opresivo a pesar de estar firmemente
afianzado por mucho tiempo.

Hace muchos años, hubo otro “cambio de régimen” que sucedió durante el
gobierno de Tiberio, el emperador romano, y en Judea, bajo la administración
de Herodes, el gobernador. El nuevo Rey en ese caso era Jesús.

Pero en este momento, a decir verdad, estoy ojeando a otro tirano que
sospecho que hace tiempo debió haber sido derrocado. Dicho tirano eres tú
(favor disculparme).

Lo mejor es que lo reconozcamos francamente: La mayoría de nosotros hemos
sido nuestros peores tiranos. Hemos regido nuestros pequeños reinos
narcisistas con absoluta confianza en nuestro derecho a regir (“Es mi vida;
¡agradecería que no te metieras!”), y nos portamos como si nuestros
inconstantes impulsos personales fueran nuestro mandato final (“¡Si lo
quiero, entonces lo merezco!”).

O sea que nos hemos convertido en nuestros propios esclavos. Servir a
nosotros mismos muy pronto se torna en algo sin sentido, vacío, inútil.
Nuestro círculo vicioso de la ambición y la desesperación ha hecho de
nuestras vidas, y de las que nos rodean, personas miserables.

¿Habrá mejor bandera a seguir?

Yo sostengo que sí la hay. Fue por esto que me atreví a insinuar que necesitas un cambio de régimen, si es que aún no lo has logrado. El nuevo Rey que recomiendo, Jesús, es el mismito que, años atrás, hizo que el Herodes se incomodara sobremanera. Cuando escuchó que había nacido el nuevo Rey, Herodes trató de eliminarlo. Pero este nuevo Rey sobrevivió... y vive aún. Este nuevo Rey y su régimen totalitario es la esencia del mensaje del evangelio cristiano. De hecho, la palabra evangelio fue tomada prestada de cuando se anunciaba en el Imperio Romano que había un nuevo emperador en Roma. Entonces, el verdadero mensaje del evangelio cristiano consiste en mucho más que sólo reconocer verbal y mentalmente que Cristo es el Rey. El verdadero mensaje del evangelio cristiano anuncia la llegada de un nuevo Rey. Este nuevo Rey es un Rey crucificado y resucitado; es un Rey con corazón de siervo y ojos de fuego; es un Rey que anula el viejo orden; es un Rey que redefine la autoridad, la sumisión y la grandeza. Este nuevo Rey trastoca todos nuestros convenios humanos. Él es un Rey que se compadece de los pobres, de los quebrantados, del cojo, del ciego y, como si fuera poco, está decidido cederles a ellos su riqueza, su moralidad, su sanidad, y su punto de vista. Él es el verdadero Rey eterno. En él no hay engaño, ni política, ni pizca de doblez. Su reino restaura, su ley libera y sus juicios traen gozo. En su reino el amor impera, la hermosura florece, lo que tiene sentido importa, la sabiduría triunfa. Doquier el corazón humano se rinde incondicionalmente a su reinado y reconoce que su sabiduría y su verdad le hacen digno de ser Rey… allí existe su reino. En el reino de Cristo no hay lugar para la búsqueda de la grandeza personal. Si quieres entrar al reino de Cristo, entonces tienes que echar a un lado tus harapos de “púrpura imperial”, tus coronas de cartón y tu cetro de palo de escoba. En cambio, debes admitir a Jesús como el único Rey y Señor totalitario de tu vida. Si estás acostumbrado a estar al mando, entonces la llegada del nuevo Rey te dejará sumamente intranquilo, al igual que Herodes. Recibirlo a la puerta de tu corazón con la bandera blanca de rendición en mano es la decisión más mortificante que puedes tomar. Nunca jamás estarás al mando de tu pequeño reino… Pero si estás al tanto de la realidad de que tu pequeño reino, el reino de tu vida, está completamente descompuesto y que necesitas que alguien aparte de ti mismo te libere de tu propia tiranía y repare todo el daño que te has hecho, entonces no estás lejos del reino de Dios. ¿Por qué esperar más tiempo para renunciar? —Arlin Weaver

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Hay personas casadas que tienen la ideología de que la única manera en la
que los jóvenes pueden lograr la plenitud de vida es por medio del
matrimonio. También hay solteros que creen que quedarse soltero significa
que nadie les quiere o que algo les falta.
A veces algunas iglesias terminan promulgando estos conceptos erróneos al
darle más importancia al punto de vista de una persona casada y menos al de
una que esté soltera. Lo que todos deberíamos reconocer es que Dios, quien
llama a la mayoría a casarse, también llama a algunos a la soltería. ¡Él los
llama a ser solteros con propósito!
En la Biblia leemos que Pablo y Bernabé no estaban casados. Casi parece que
por esta causa algunos dudaban de que su apostolado fuera auténtico. La
respuesta de Pablo fue la siguiente: “Contra los que me acusan, esta es mi
defensa: ¿Acaso no tenemos derecho de comer y beber? ¿No tenemos derecho de
traer con nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles, y
los hermanos del Señor, y Cefas?” (1 Corintios 9.3–5). En una forma
elocuente Pablo nos indica que su ministerio, su apostolado fue tan
auténtico como el de los otros hermanos apóstoles ya casados.
Jesús, refiriéndose al hecho de que no todos se casan, dijo: “Hay eunucos
que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos
eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos
por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo
reciba” (Mateo 19.11–12). Según estos versículos, vemos que hay tres clases
de “eunucos”:
 1. Eunucos de nacimiento. ¿Será que esto significa que los
tales son personas a quienes el matrimonio no les llama la atención?
 2. Eunucos por voluntad de otros. En este caso, se efectúa la
acción en contra de la voluntad del que ha de ser eunuco.
 3. Eunucos netamente voluntarios. Se refiere a personas que
escogen no casarse para cumplir con los propósitos de Dios para ellos. ¡Son
solteros con propósito!
Pensando en la soltería voluntaria, echemos un vistazo a la historia que la
Biblia narra en Rut 1.8–18. En este pasaje, vemos que Noemí planea regresar
al pueblo de Dios. Sus dos nueras, ya viudas, piensan acompañarla para no
dejarla sola. Pero Noemí bien sabe que si la acompañan a la tierra de
Israel, hay muy pocas posibilidades de que ellas se puedan casar. Entonces,
Noemí las hace reflexionar. Más bien, ¡casi las obliga a regresar a su
pueblo natal pagano donde tendrían más posibilidades de casarse! Pero una de
las nueras, Rut, se muestra resuelta a sacrificar el deseo de casarse por
uno mayor: El deseo de identificarse con Dios y su pueblo.
Las personas que consideran al matrimonio como la meta principal de sus
vidas son personas como la otra nuera, Orfa. Ella escogió quedarse con los
enemigos de Dios, donde había más posibilidades de poder casarse. Este tipo
de personas sólo piensa en lo terrenal, y, como resultado, en lo que es de
corto plazo. Hace caso omiso a las pérdidas eternas causadas por sus
acciones.
Pero hay otro grupo de personas hoy día que es como Rut. Estas personas
están dispuestas a sacrificar su deseo de casarse por agradar a Dios… cuando
él les guía por el camino de la soltería. Estas personas no se desesperan
sino que confían en Dios.
Es importante que los solteros que desean vivir una vida de propósito quiten
de sus vidas toda amargura. En lugar de vivir una vida quejumbrosa, deben
aprender a aprovechar las oportunidades que la soltería les da para servir
en el reino de Dios.
En 1 Timoteo 6.6 leemos que “gran ganancia es la piedad acompañada de
contentamiento”. Estoy bien conciente de que este versículo fue escrito en
el contexto de las finanzas. Pero se aplica a otras áreas de la vida
también. Hay solteros que no están contentos con su estado civil. Piensan
que no pueden ser felices sin casarse. Lastimosamente, ellos no viven vidas
con propósito…
En contraste, hay solteros que viven sus vidas en pleno contentamiento.
Viven sus vidas con propósito. Rechazan toda tentación de soñar y creer que
vivirían más felices si estuvieran casados.
Los solteros tienen gran libertad para agradar al Señor, mientras que los
casados tienen la responsabilidad de atender a sus cónyuges. Esto lo vemos
claramente en 1 Corintios 7.32–34: “Quisiera, pues, que estuvieseis sin
congoja. El soltero tiene cuidado de las cosas del Señor, de cómo agradar al
Señor; pero el casado tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar
a su mujer. Hay asimismo diferencia entre la casada y la doncella. La
doncella tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en cuerpo
como en espíritu; pero la casada tiene cuidado de las cosas del mundo, de
cómo agradar a su marido.”
Hay solteros misioneros o maestras que pueden desempeñar papeles importantes
que la madre casada y con hijos o el padre de familia no pueden hacer. Los
solteros pueden jugar un papel muy importante en el reino. La verdad es que
necesitamos tanto el aporte de los casados como el de los solteros. Cuando
ambos trabajan juntos y en armonía para el reino, el resultado es una fuerza
y dinamismo que nunca lograrían de manera individual.
Es importante que apreciemos las ventajas que los solteros tienen para
consagrarse a Dios y al ministerio al cual sean llamados. Motivémonos como
iglesias para que lleguemos a apreciar y aprovechar los dones y los aportes
con los que ellos contribuyen. El aporte de cada uno enriquece al grupo y
avanza más el reino de Cristo.
Aprendamos a tratar a los solteros piadosos como lo que verdaderamente son:
personas dignas. También contribuyamos a que los solteros se gocen de su rol
con dignidad.
—Trascrito por Richard del Cristo E.
de un sermón predicado por Arturo Nisly

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(La plática de un par de mellizos dentro del vientre de su madre…)

—Dime —dice uno de los mellizos al otro—, ¿tú en realidad crees que hay vida después del nacimiento?


—¡Claro que sí! Aquí adentro crecemos y somos preparados para lo que vendrá allí afuera —contesta el otro mellizo.


—¡Puras tonterías! —contesta el primero—. No puede haber vida después del nacimiento. ¿Qué forma tendría?


—La realidad es que yo tampoco comprendo cómo será. Pero me es cierto que va a haber mucho más luz que aquí adentro. Tal vez podremos hasta caminar y comer con nuestra boca.


—¡Jamás oí una tontería igual! ¿Comer con la boca? ¡Qué idea más absurda! Tú sabes que el cordón umbilical nos alimenta. ¿Cómo podríamos caminar? El cordón umbilical es demasiado corto.


—Estoy seguro que es posible. Es que todo será algo diferente.


—¡Estás loco! Nadie ha regresado jamás después del nacimiento. La vida termina con el nacimiento. Y punto final.


—Yo sé que nadie sabe cómo es la vida después del nacimiento. Pero de una cosa estoy cierto; veremos a nuestra madre y ella nos cuidará.


—¿Madre? ¿Será que tú crees en una madre? ¿Dónde está ella?


—Ella está aquí, nos rodea. En ella y por ella existimos y vivimos. ¡Sin ella, sería imposible que nosotros existiéramos!


—¡Tonterías! Nunca he sentido la presencia de una madre. Por consiguiente, no puede existir.

—¡Sí, existe! Lo cierto es que si estamos muy queditos podemos escucharle cantar, o sentir cómo acaricia nuestro mundo.

—Autor desconocido

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El día 27 de diciembre de 2009, hallé a un pobre borracho tirado en la calle. Yacía junto a la cuneta, cerca de una esquina. En cualquier momento le podría atropellar un vehículo…

Los vendedores de bebidas alcohólicas son culpables de los crímenes de los borrachos.

Me costó esfuerzo levantar al borracho, el que le decían “Comandante Pellejo”.Ya que el dueño de la tienda de la esquina no quería que yo lo acostara en la acera frente a su tienda, comencé a buscar otro lugar. De pronto, vi al otro lado de la calle la pequeña tienda de Manuelito, donde vende comestibles, algunos artículos domésti­cos… y licor. En seguida, supe qué debía hacer con el Comandante.

. . .

Con el borrachito colgado en mis hombros, pasé al otro lado de la calle y lo acosté en la acera frente a la pequeña tienda. En voz alta les dije a los que estaban parados junto a la ventanilla de ventas:

—¡Si aquí le vendieron el guaro, que aquí lo cuiden!

Al ver que el Comandante se despertaba, decidí comprarle un jugo. Acercándome a la ventanilla, pedí el jugo. Miré las botellas de la maldita “Cañita” en los estantes. Y, sacudién­dome la cabeza, dije:

—¡Pobrecito, este borracho!

—¡Que se mueran esos desgraciados! —soltó Manuelito, mientras buscaba el jugo en su refrigerador.

Me escalofrié. ¿Cómo se atreve este señor a hablar así cuando él mismo les vende el licor? En voz calmada, pero llena de indignación, le dije:

—Manuelito, ¿sabía que no sólo los borrachos son culpables de sus pecados? ¡También tienen la culpa los que les venden el licor!

Manuelito me entregó el jugo, se encogió de hombros y me dijo, medio resentido:

—No es cierto. Yo aquí tengo la Cañita, pero no les mando a tomar. ¡Toman porque quieren!

Reafirmé brevemente su culpa y pagué el jugo. Se lo di al borracho y me fui a la casa,

triste y pensativo.

. . .

Cuarenta y ocho días después, el 13 de febrero de 2010, Manuelito tambaleó hacia su casa, borracho. El día siguiente, dejó para siempre de vender licor; murió una muerte horrenda, vomitando sangre en un balde.

En Habacuc 2.15, Dios dice: “¡Ay del que da de beber a su prójimo!” Ese “¡Ay!” le cayó fuerte a Manuelito.Apenas cuarenta y nueve días antes, Dios lo había advertido que el que vende licor es culpable. Pero Manuelito no hizo caso a esta advertencia, sino que inventó excusas.

Muchos cantineros, tenderos y otros vende­dores de licor suelen inventar excusas con tal de no dejar su negocio de traficar licor. Miremos algunas de las excusas que se inventan:

1. “Yo no obligo a nadie a comprar mi licor.” Es cierto, usted no obliga al borracho a comprar licor… ¡pero es innegable que se lo facilita! El que vende licor a un borracho es cómplice de su pecado. La cosa es así de sencilla. Manuelito ya lo sabe muy bien; desea no haberle facilitado licor al Comandante, pero ya es muy tarde para arrepentirse.

2. “Si no compra aquí, compra allá.” ¡Tiene razón! Sin embargo, ¿podremos librarnos de nuestros pecados por medio de echarle la culpa a otro? Por favor, ¡hagámonos responsables por nuestros hechos! Aunque haya mil cantinas, si usted ayuda a cualquiera a emborracharse, peca contra Dios y es responsable por ello.

3. “Tengo que ganarme la vida.” ¡Estoy completamente de acuerdo! Nadie le niega ese derecho. Pero no tiene que escoger un trabajo tan cruel, tan vil ni tan sucio como vender veneno a los vecinos.

Amigo lector, ¿trafica usted con las bebidas alcohólicas? Si usted vende licor, ¡es hora de que usted se arrepienta! Porque únicamente de esta manera puede recibir el perdón de Dios y cambiar su vida.

No se disguste usted conmigo. Manuelito anhela haberse arrepentido aquel día cuando yo le advertí de su pecado, pero ahora es muy tarde…

Querido comerciante de licor, hoy ha com­prendido usted el pecado de traficar licor. Si son míseros los borrachitos de su pueblo, sepa que usted también es mísero. Y aunque tal vez usted no ande tambaleando por las calles como ellos, su corazón tambalea bajo la ira de Dios. Hoy le aconsejo decidir lo siguiente delante de Dios:

•                      “No traficaré más licor.”

•                      “Buscaré otro trabajo honroso.”

•                      “Y sobre todo, me arrepentiré de cada uno de mis pecados.”

Arrepentirse quiere decir negarse a sí mismo, hacer morir todo lo que es propio de su naturaleza pecaminosa, y seguir a Jesús.Así como Dios per-dona a los borrachos que se arrepienten, también le perdonará a usted cuando se arrepienta.

“¡Ay del que da de beber a su prójimo!” (Ha­bacuc 2.15).

“Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados” (Hechos 2.38).

—Pablo Yoder
La Públicadora Lámpara y Luz vende ejemplares de este folleto para la evangelización.

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CAMBIOS
Vivimos en un mundo de cambios. Hay cambios en la sociedad, cambios en la
tecnología… y cambios en muchas iglesias. Cosas que hace cincuenta años no
existían, ahora son de las más “indispensables”. Prácticas que no se
aceptaban en muchas iglesias hace cincuenta años las han aceptado como algo
común.

Cuando yo me mudé al pueblo de Waslala, Nicaragua, en el año 1999, muy pocas
mujeres usaban pantalones. Casi no se veía a ninguna mujer usar pantalones
excepto a las mujeres flojas de la calle. En aquel tiempo, incluso las
mujeres de la calle se habrían puesto una falda para asistir a un culto.

Si visitara Waslala hoy, notaría que muchas mujeres, incluso las que van a
los cultos con sus Biblias en mano, usan pantalones. ¡El cambio es,
lamentablemente, drástico!

Hace no muchas décadas, el divorcio era algo tan fuera de lo común en muchas
comunidades estadounidenses que los que se divorciaban a veces se mudaban a
otro lugar para evitar las repercusiones de la gente. Y ahora la cosa ha
empeorado tanto que hay lugares en los EE.UU. donde el índice de divorcio es
más alto entre los “cristianos evangélicos” que entre los inconversos.*

El 29 de mayo de 1913, un músico ruso de apellido Stravinsky estrenó una
pieza musical (“The Rite of Spring”) en el Théatre des Champs-Elysées de
París, Francia. La reacción fue tal que no pudo ni aun terminar en paz el
concierto por el abucheo, las riñas… y los tomates que les tiró la gente a
los músicos. La gente estaba indignada con la terrible disonancia y el ritmo
irregular de la pieza. Hoy, esa pieza musical es la normal en los conciertos
clásicos. Inclusive, es muy moderada y suave comparada con la que hoy se
escucha en muchas congregaciones “cristianas”. Lamentablemente, el corazón
del hombre va de mal en peor. Leer el resto de esta entrada »

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Hay muchos teorías acerca de la redención. Lo que muchas personas no se han enterado es que la teoría prominente entre los evangélicos no es lo que la iglesia primitiva enseñaba. Leer La redención de Jesucristo para comprender el significado de la obra de Jesucristo en la cruz.

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Dicionario da igreja primitiva

Literatura Cristã para a Família e a Igreja

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